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¿Qué es el TDAH?

 

Las siglas TDAH corresponden al nombre Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. Este es un trastorno del neurodesarrollo, de origen neurobiológico que aparece en la infancia y tiende a ser de carácter persistente.

El paciente TDAH muestra conductas no apropiadas para su etapa evolutiva, en un mínimo de dos áreas del desarrollo neuropsicológico. La primera área es la inatención y la segunda área es la inhibición, lo que produce la hiperactividad y la impulsividad.

Tres síntomas característicos son:

  • Falta de atención: Dificultad para mantener la atención durante el tiempo necesario y suficiente. Les cuesta seleccionar información relevante y se distraen fácilmente con estímulos irrelevantes. En este sentido, debemos destacar que si la actividad que realizan es altamente motivadora este síntoma no se da. Por ello muchos especialistas prefieren hablar de un problema de regulación de la atención.
  • Hiperactividad: Presentan una elevada actividad motora y/o verbal.
  • Impulsividad: Falta de control motriz y emocional. Por ello exhiben comportamientos no apropiados para su edad que les acarrean problemas de relaciones en su entorno familiar, académico y social.

Este es el trastorno con más incidencia en la infancia, afectando a un porcentaje de entre el 3 y el 7% de la población infantil. Son más los niños afectados que las niñas, en una proporción de cuatro niños por una niña.

 

CAUSAS DEL TDAH

 

En la actualidad aún se desconocen las causas directas o inmediatas del TDAH, las actuales investigaciones científicas indican una menor maduración de algunas áreas cerebrales, sobre todo en aquellas relacionadas con las funciones ejecutivas del cerebro y en la regulación de los neurotransmisores. El trastorno tiene una alta carga genética, con una heredabilidad alrededor del 70%. Esta cifra es parecida a la que relaciona la altura de una persona con sus genes.

Aunque existen diferentes teorías que explican el origen del trastorno, se considera como principal responsable a la causa biológica (orgánica), entendiéndose esta como un desequilibrio químico en las áreas cerebrales involucradas en la atención y el movimiento.

 

TIPOS DE TDAH

 

Un aspecto importante a tener en cuenta es que no todos los niños/as con TDAH presentan los mismos síntomas, ni con la misma intensidad, por lo que podemos hablar de diferentes subtipos:

  • Subtipo predominantemente inatento.
  • Subtipo predominantemente hiperactivo-impulsivo.
  • Subtipo combinado; aparecen síntomas de inatención y de hiperactividad-impulsividad.

 

SÍNTOMAS SECUNDARIOS

 

Las características propias del trastorno limitan la adaptación del niño/a, pero al mismo tiempo suponen la aparición de una serie de problemas secundarios en los distintos ámbitos de su vida, que vienen a complicar aún más su desarrollo personal.

De entre los síntomas secundarios destacan, por su frecuencia y gravedad, los siguientes:

  • Conductas relacionadas con problemas de comportamiento.
  • Dificultades en el aprendizaje escolar.
  • Problemas de relación social (amigos, familia, profesores…).
  • Baja autoestima y problemas emocionales.
  • Comorbilidad con otros trastornos: Trastorno oposicionista desafiante, Trastornos de ansiedad, Trastornos de aprendizaje, Trastornos afectivos.

 

SOSPECHA DE UN POSIBLE TDAH

 

Son diversos los indicios que llevan a sospechar un posible TDAH cuando se observan conductas inusuales en los  niños/as, bien por la intensidad de las mismas, o por no ser adecuadas a determinadas edades. Familia, personal docente, Pediatra o incluso otras personas de entorno del niño/a pueden darse cuenta de que ocurre algo.

Si la familia sospecha que su hijo/a puede tener TDAH, no tiene que dudar en acudir a su Pediatra para pedir que sea derivado al Departamento de Salud Mental Infanto-Juvenil, o bien a los servicios del Área de atención especializada, donde están los profesionales que intervienen en Trastornos de la Infancia.

Puede ser el personal docente del Centro escolar donde estudia el niño/a quien lo detecte. En este caso, el Departamento de Orientación del propio Centro, con el consentimiento de la familia, debería realizar un informe para remitirlo al Pediatra y seguir así el protocolo para derivar el caso a los profesionales de Salud.